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Una vez más, hay que lamentar que otra persona afectada de SSC, no pueda aguantar el sufrimiento y decide liberarse del dolor que la aprisiona.

Una vez más, dicha noticia, se ha mostrado la SSC, por parte del periódico y agencia de noticias Imagen del Golfo, en el artículo Muere al lanzarse en su auto al rio Fortín”, como una asociación a una sintomatología psiquiátrica.

Lo fácil, es calificar un hecho de esta índole y trascendencia, con la simplicidad que aportan parte de los profesionales al servicio de intereses obscuros. Un acto que justifique el perfil depresivo de la enfermedad, en vez del fracaso profesional, académico y personal mostrado y perpetuado por mas de cuarenta años.

No es el primer caso de que un afectado decida poner fin a su vida bioquímica, pues antes ya había muerto a nivel personal, familiar, social y laboral.

Los enfermos de SSC sufren una muerte en vida, mucho peor que la propia muerte bioquímica. Su sufrimiento incrementa la propia dolencia que le aporta la enfermedad. La propia negación de la enfermedad, por parte de unos supuestos profesionales cualificados y organismos oficiales, evita la posibilidad de su estudio, provoca una muerte del individuo a nivel personal, laboral, social, familiar.

El sufrimiento y la limitación física y mental incrementa su padecimiento, el cual se amplía i amplifica cuando acuden a un profesional que no sabe cómo afrontar la dolencia y su oculta ignorancia, endiosada, influye no solo sobre el propio afectado que pretende depositar su confianza al profesional, si no también ante la familia y ante la sociedad

Llewellyn King, en su publicación “Chornic Fatigue Syndrome: Misnamed, Misdiagnosed, Misunderstood“, destaca entre otras cosas “Entonces entró Jason y su equipo de investigadores de la Universidad De Paul. Los investigadores estudiaron la enfermedad en la sociedad desde un punto de vista psicológico y se encontró en 1990 que había cerca de 1 millones de enfermos en los Estados Unidos.

También encontraron que la enfermedad era causada por un patógeno desconocido, pero no era de naturaleza psicológica, y que la tasa de curación es muy baja. Además, ellos y otros investigadores encontraron que uno de los síntomas predominantes era la supresión del sistema inmune.

Para la mayoría de los pacientes, síndrome de fatiga crónica es un billete de ida al infierno. La aflicción es grave e incurable en su mayoría. Horriblemente, le quita incluso los más pequeños placeres de la vida”

No es de extrañar, que acaben muchos de ellos con patologías depresivas, evidentemente, quien no acabaría, cuando están obligados a sobrevivir bajo afectaciones altamente invalidantes, cuestionados constantemente, sin una correcta atención médica ni social y sin salidas mínimamente exitosas. Son depresiones secundarias a una enfermedad de base no tratada y de la que existen responsables.

Existen responsables, aquellos  que inducen a estas determinaciones fatales, profesionales con nombres propios perfectamente identificables. Aquellos profesionales, colegiados y socialmente reconocidos como “especialistas” en el tema, que viven lucrativamente del problema ajeno sin pretender afrontar la realidad y el estudio del mismo. Aquellos que, desde su puesto de poder, orienta erróneamente a sus colegas negando la realidad de la patología, de los consensos canadienses  y de los nuevos consensos internacionales  sobre estas enfermedades. Aquellos que su narcisismo y soberbia se mantienen en unos criterios desfasados,  ineficaces y fracasados, basados en antiinflamatorios, analgésicos, antidepresivos y terapias conductistas. Aquellos que no reconocen el concepto CIE de la OMS y la velarización de parte de las enfermedades de SSC.

También es responsable la OMS, por su ineficacia y lentitud en reconocer las enfermedades de SSC, tales como la Sensibilidad Química Múltiple SSQM, la Electrohipersensibilidad  EHS, así como muchas más enfermedades emergentes. Es radicalmente falso que los afectados de SSC no mueran de esta enfermedad,  es una visión extremadamente simplista, puesto que existen muchos tipos de muerte.

¿Cómo actuaría un enfermo con cólicos nefríticos constantes, o una leucemia, o un proceso oncológico, o con el SIDA, sin ser tratado y en muchas ocasiones vilipendiado? Me pregunto.

Muchos de los enfermos de SSC que se suicidan, son por la actitud y/o el acoso de unos malos profesionales que no saben atenderles y un sistema que los descalifica. No por actos depresivos, si no por impotencia y aislamiento social. En otras ocasiones son los propios familiares, ante la impotencia y sufrimiento observado,  quienes les ayudan a morir con dignidad.

Pese a que desconozco a la persona en cuestión, una vez más me siento indignado por el tema, pero no impotente ante estos hechos.

No me siento impotente, porque estas enfermedades pese a los muchos intentos que pretenden mantenerlas silentes y enigmáticas, están siendo reconocidas cada vez más como bioquímicas por muchos profesionales que se esfuerzan, económica y profesionalmente, mostrando las evidencias científicas del carácter inmunopatológico de las mismas.

No me siento impotente, porque las bases de estas enfermedades son el producto de una patología medioambiental del que todos estamos inmersos en ella. La evidencia cada vez es más real y pese a la negación un día u otro, los propios que la niegan la sufrirán ellos o algún ser querido y si su orgullo se lo permite, reconocerán que no es gracias a su actitud e inteligencia lo que ha permitido realizar un pequeño paso para su tratamiento. Por desgracia el ser humano es el único animal que no aprende de sus errores.

Una vez más debemos decir, descansa en paz a alguien y solidarizarnos con una familia que sufre innecesariamente

¿Hasta cuándo?

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